Quien se acerque a este blog lo hará desde su perspectiva, desde su verdad. Por mi parte, me gustaría ofrecer algo auténtico, sentido, más allá de prejuicios asentados en mi mente, de miedos, de búsqueda de efectos concretos sobre los demás. No sé hasta qué punto lo conseguiré, pero parto del compromiso de depurar estos mensajes, por lo menos, de manipulaciones conscientes, de valoraciones sobre resultados o de automatismos que pueda detectar. Sé que se trata de un simple propósito, pero, si logro mantenerme fiel, este proyecto individual puede formar parte de la semilla de una nueva forma de comunicarnos, que nos conduzca hacia estados más confortables de libertad.
Creo que nuestro universo está basado en infinitas difracciones, en los cambios de curso que se producen en haces energéticos de muy distinta naturaleza. Los impulsos iniciales del Big-Bang han ido mutando en su interacción: han creado materia, han formado resultates en sus interacciones, han vibrado de forma distinta al unirse o al escindirse, y han creado nuevas energías y nuevas formas de existencia. La vida, la percepción sensorial y, como elemento más elevado –que yo sepa–, la consciencia.
Con este desarrollo, hemos llegado a un punto crítico, por lo menos, en el nivel planetario. La presión demográfica pone a prueba la capacidad de producir recursos que tenemos; la contaminación, la capacidad de la tierra para autosanarse; la carrera armamentística, nuestro instinto de conservación de la especie frente a un uso especial de la racionalidad. También la lucha de poder iniciada en las cavernas ha llegado a su expresión más intensa; su base en la destrucción como recurso para ganar espacios poco más allá puede ir para manifestarse.
Al mismo tiempo, hemos desarrollado también la consciencia del entendimiento, aunque nuestras sociedades o nuestras naciones todavía no lo expresen plenamente. Nuestra continuidad y las posibilidades de alcanzar nuevos estados de bienestar se basan en ella, que no ha surgido de la nada. Ha venido formándose y ha existido desde las primeras sociedades humanas, o desde antes, si tenemos en cuenta los modelos de integración que nos ofrecen la zoología, la botánica o la geología. Ha convivido y ha formado parte de los flujos en los que se ha manifestado la discordia, incluso en sus estados más extremos: ha habido siempre una base que ha permitido generar lazos, alianzas, células organizadas, aunque estas hayan seguido caminos de destrucción y de odio. Importa el dolor, pero su efecto ha modulado nuestra esperanza actual; ha permitido su difracción, para abrir nuevos objetivos.
Quien llegue hasta aquí, tiene mi bienvenida. Su lectura, deje o no constancia de ella, modulará también estos mensajes, tomados de una experiencia vital en la que todos los seres del planeta estamos implicados.
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